En espera del 2 de abril

Es, a todas luces, absurdo, que países enteros estén esperando la decisión de un personaje que, en poco más de dos meses, ha venido trastocando muchos de los planes que orientaban su actividad económica y en especial la relativa al comercio internacional y, la consecuente afectación a la vida de sus respectivas poblaciones. Está muy claro que la legalidad no le importa, ni la de su país y, mucho menos, las leyes que sustentan el derecho internacional. La firma y promulgación de decretos se distribuyen urbi et orbi (A la ciudad y al mundo), con mayor celeridad que volantes publicitarios en las ferias comerciales. Su fundamento: Lo que impida “Hacer a América nuevamente grande”, debe desconocerse y eliminarse, no importa que haya sido firmado por él mismo en su período presidencial anterior, como es el caso del T-MEC. Situación que tampoco es ajena al pensamiento estadounidense y que nos recuerda que Estados Unidos no tiene amigos, tiene socios, tiene intereses y, de acuerdo a las consideraciones de su actual presidente, con el agravante de que todo mundo ha abusado de la bondad y debilidad de algunos de los presidentes que le antecedieron, y que ha redundado en perjuicio de su pueblo.

Aunque lo anterior es difícil de asimilar, encuentro en su cotidiana manifestación,  otros temas que conllevan mayor peligro para el mundo actual: El agredir a su vecino del norte, considerando que la mejor opción para Canadá sería constituirse en el estado 52 de la Unión;  que Groenlandia, una entidad semiautónoma, perteneciente a Dinamarca, debería ser parte también de los Estados Unidos;  que la solución de la invasión de Ucrania por Rusia, debería atender a sus planteamientos y en los  que,  los malos tratos  al presidente de Ucrania y las amenazas a la economía Rusa, son parte del mismo;  y, en la confrontación entre Israel y Palestina, el optar por un plan denominado “Pacto del siglo” en el que los palestinos han estado fuera de su implementación. Todo lo anterior muestra de cuerpo entero al personaje y los peligros inherentes.

En este maremágnum de amenazas e imposiciones, la pregunta pertinente es, ¿Cuál será la respuesta de los países afectados, en cuanto al comercio? y ¿cuál, en cuanto a la seguridad e integridad de sus territorios y soberanías?, Seguramente después del 3 de abril, conoceremos algunas. En cuanto a nuestro país, mi percepción es que se espera un trato diferenciado que sea el resultado del dialogo permanente, en el que la razón, la nuestra, sea el argumento que convenza. En todo caso, nuestro aporte deberá ser la Unidad.



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